|
Al pie de la iglesia de Bretstein, en el cementerio del pueblo, una
tumba recuerda los sufrimientos y la muerte de siete reclusos del comando.
No conocemos aún las condiciones de la muerte de Celedonio Gallardo
Pérez ni de Manuel Quintana Pérez. Tampoco sabemos si
estos siete hombres fueron los únicos que murieron en aquel lugar.
Quedan, pues, muchos detalles por esclarecer para los investigadores
de la historia de la deportación...
En algunos casos sí tenemos datos:
Las duras condiciones de vida y de trabajo así como los malos
tratos se cobraron la primera víctima en noviembre de 1941. El
médico del campo apunta en el libro de defunciones que Wenceslao
Sánchez Sánchez, de 26 años, murió a causa
de una pulmonía.
En mayo de 1942 se produjo un intento de fuga que fue descubierto por
los SS en plenos preparativos. El presunto cabecilla, Pedro Noda de
la Cruz, de 28 años, y su compañero Antonio Castro Mariñoso
fueron brutalmente represaliados en señal de escarmiento para
el resto de los reclusos. Si bien en los certificados de defunción
figura como causa mortuoria "hidropesía y deficiencias de
circulación sanguínea", está claro que ambos
jóvenes murieron a consecuencia de las medidas disciplinarias
a que fueron sometidos.
Ahora bien, cabe tener en cuenta que la muerte en estos comandos de
trabajo
era indirecta, es decir que del número de muertos que se produjeron
en el lugar mismo no se puede deducir nada. Muchos de los reclusos de
Bretstein proba-
blemente murieron nada más volver a Mauthausen. El trabajo a
la intemperie bajo las condiciones del invierno alpino era tan duro
que extenuaba a cualquiera, por joven y atlético que fuera. En
cuanto alguien contraía alguna enfermedad y no podía trabajar,
su estancia perdía sentido para las SS. Los enfermos, débiles
e
inútiles eran devueltos a Mauthausen, lo cual, en muchos casos,
suponía la
muerte. Los deportados de Bretstein eran conscientes del peligro que
conllevaba el transporte de regreso al campo de concentración
e intentaban por todos los
medios impedir este paso, tanto para sí mismos como para sus
compañeros.
Llegaban a cargar a cuestas a aquellos que ni siquiera tenían
la fuerza suficiente para caminar del comando al lugar de trabajo.
|